MEMORIAS DE UN PEREGRINO EN TIERRA SANTA
| SÁBADO: VALENCIA-TEL AVIV-TIBERIADES |
| Llegados al aeropuerto de Manises antes de facturar hay un control de policías de Israel. Nos entrevistan sobre por qué vamos a Israel, si conocemos a alguien, etcétera y a mi mujer le registran el equipaje de mano. Los policías son amables y firmes (y jóvenes). En el avión de una compañía israelí (El Al). La comida estupenda (que aprenda Iberia) y extraña. Salida hacia las 12’00 horas local. Dejamos los niños con los abuelos. Llegamos a Tel Aviv (aeropuerto de Ben Gurión) a las 17’00 horas (local de Israel). Tardamos un poco en salir porque retienen un tiempo a un señor y a un niño de ocho años. Al parecer es normal y no pasa nada. Es precaución. Salida en bus hacia Tiberiades. Por la autopista 1 y luego la 6. Pasado el desvío con la vía 5 vemos el nuevo muro levantado contra los terroristas. En la zona se ve un buen nivel. Llegando al cruce con la 57 se ve un muro más largo y militares. Luego tomamos la vía 65 y al cabo de unos kilómetros vemos de pronto el valle de Esdrelón. Amplio y bonito. Pasado Afulat vemos a la derecha el pueblo de Naim. No entramos pero se ve que es precioso. A la izquierda ya vemos el monte Tabor al que bordeamos muy de cerca. Es bonito, redondo y más alto de lo que pensaba. Volveremos pasado mañana (casualmente el día de la Transfiguración). Seguimos y luego por la vía 77 llegamos a Tiberiades. Es de noche al llegar y parece una ciudad fea e impersonal. Cena y habitación. Estamos en la habitación 542 del hotel Golden Tulip. Con unos amigos vamos a dar un paseo por el mercadillo que hay junto al hotel hasta la orilla del lago Tiberiades o Mar de Galilea. Se ven las luces de la otra orilla del lago. Está muy animado y con muchos judíos con sus gorritos y con tirabuzones. Nos tomamos algo en un pub de la orilla sobre el mismo lago. Y a las 12 de la noche a dormir, que hay que madrugar. Bueno, es nuestra primera noche aquí. En la misma oscuridad de Galilea que Jesús. La verdad que es fácil imaginar… Buenas noches. |
| DOMINGO: TIBERIADES |
| Partimos a las 7’30 al Monte de las Bienaventuranzas. Las lee el franciscano Padre Carlos y las comenta el obispo auxiliar don Esteban Escudero. El lugar con árboles e iglesia está cerca del Mar de Galilea y en un paraje árido. Hermosa vista del lago. Partimos a Cafarnaúm. El sitio es precioso. Es fantástico para comprender tantas cosas… Es muy fácil imaginarse a Jesús en las casas. Las casas se ven muy bien. Pequeñas y de una o dos habitaciones. El franciscano guía lo explica genial. A llegar a las 9’00 misa en la iglesia que está justo encima de la casa de San Pedro. Moderna y bonita. Por un cristal se ve la casa del suelo y por los ventanales se ve la sinagoga y el Mar de Galilea. Comulgar en esa casa y luego estar frente al mar de Jesús es… diferente. La casa está pegada al mar. Hay muchos restos y es fácil imaginarse a la gente corriendo, hablando, los niños jugando, San Pedro liado y Jesús riendo. La sinagoga es una preciosidad. Se en piedras miliares de la Vía Maris, una almazara, molino de harina y para el agua de los judíos. Luego a Tabgha. Es como un osáis con su sombra y acequias. La casa del primado chiquita pero mona. La roca del “Mensa Christi” también emite un mensaje. Aquí se conmemora la multiplicación de los panes y los pees. Aquí se conmemora la triple confesión de Pedro: “¿Me amas?”. Por cierto. Yendo a Cafarnaúm hemos pasado junto a las ruinas de Magdala. Está junto a lago y cerca hay una zona de picnic. Bueno. En Tabgha hemos podido meter los pies en el lago de Tiberiades. El agua está calentita. Cogemos unas piedras. Viendo el lago es mucho más fácil entender cosas. Se ve la otra orilla y es fácil ver una barca y hacia dónde va. Nos llevan en autobús a unos barcos en los que embarcamos y zarpamos hacia Ein Gev, en la otra orilla del lago. El viaje en el barco es fantástico. Navegar por donde Jesús navegó, donde pescaban los apóstoles, donde caminó Jesús sobre las aguas y donde apaciguó la tormenta. A mitad dl lago paran los motores y el silencio del lago hace ver fácil y real esos milagros y esos hechos. Son de cajón. Ein Gev (por donde curo a un endemoniado y la piara de cerdos se fue al mar) es como un pequeño oasis en la orilla del lago. Al pie de Hippos, claro. Allí comemos. Comida estupenda (entre ellos el Pez de San Pedro). Es un kibutz. Allí aprovecho para comprarme unos zapatos porque los míos se han roto al engancharse en el barco. A continuación nos vamos hacia Basnia. En su ruta vamos junto a los altos del Golán, junto a Siria. Se ven las posiciones militares israelíes, tanques, vehículos blindados con ruedas y cañones. Campos minados por todo el camino. Un cuartel sirio abandonado tras su derrota. Un edificio con impactos de bala. Por un camino final muy difícil (y viendo las ruinas del castillo cruzado de Nimrod) llegamos a Basnia, nacimiento del río Jordán. Muy, muy bonito. Mucha agua y árboles. Cogemos agua del río Jordán y unas piedras. Veo unas ruinas paganas muy antiguas (del Dios Pan). Aquí fue donde Pedro confesó que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios Vivo, pues esto es Cesárea de Filipo. Con el franciscano y otro sacerdote se hace una renovación de los votos del bautismo. A las 17’00 salimos hacia Tiberiades. Pasamos al pie del Monte Hermón. Luego junto a varios kibutz, uno de ellos, el de Dáfora es el del libro “Éxodo” en que los mataron. Pasamos luego por la ciudad de Kiryat Shemone (“ciudad de los ocho” en memoria de unos sionistas asesinados en 1920). Ha recibido bombas y ataque desde el Líbano /(los últimos en el año 2006). Vemos una gran bóveda que es un gran refugio antiaéreo. Se ven muchas casas bonitas en construcción. De vuelta, en donde las Bienaventuranzas paramos en la casa de “Dominus Galilae” de los ecuménicos. Es una preciosidad, con mucho gusto y lógica evangélica. Un guía lo explica muy bien. Muy moderna. En fin, al hotel, cenar y con los amigos a dar una vuelta (tomando un refresco). ¡Qué difícil es resumir! ¡Y contar una vivencia así….! |
| LUNES: TIBERIADES-NAZARET-CANÁ-MONTE TABOR |
| Por la mañana partimos a Nazaret ¿Sabes qué pasó ahí? Al ir dejamos a la derecha Los Cuernos de Hattim, unas lomas en las que en 1187 Saladino (el kurdo) derrotó a los cruzados y con ello hundió el Reino de Jerusalén. Yendo más cerca de Nazaret en una ladera vemos el bonito pueblo de Naim, donde el milagro con la viuda (a la vuelta lo volvemos a ver). Pasamos Caná de Galilea y vamos primero a ver Nazaret. El urbanismo de este país es de locos. Nazaret está en unas lomas altas y es amplísimo con edificios no más altos de cuatro pisos (donde llegan a ellos). Vamos a la Basílica de la Anunciación. Llegando a ella nos cruzamos con unos hindúes (cristianos o no) que uno a uno, al cruzarse con nuestro fraile franciscano (con su hábito) le hacen una reverencia con las manos juntas como de oración. Eso es respeto y clase. La Basílica de la Anunciación por fuera es preciosa (y por dentro también). Vemos las vírgenes de muchos países en unos mosaicos. Vemos la Virgen de los Desamparados así como la Virgen de la Candelaria. Dentro celebramos la misa a las nueve. La misa es justo al lado de la gruta de la Anunciación. En la misa varios sacerdotes y monjas renuevan sus votos. La celebra como los otros días el obispo don Esteban Escudero. Luego pasamos adentro de la gruta para besar una losa en el lugar en que Dios se encarnó y la Virgen María recibió su anuncio. Es una cueva sencilla pero que emociona como no te puedo decir. Otra vez los sentimientos, la razón y la fe hacen clarísima la realidad de los hechos. Casi se puede ver la escena sagrada. En la Basílica, ya dentro, hay otros mosaicos de Vírgenes del mundo. Hay uno grande de la Virgen del Pilar con el escudo de España anterior al actual. Desde la Basílica hay una vista preciosa de la gruta, en la que he leído el “Verbum caro hic factum es” No dejan hacer fotos dentro de la gruta. Me la llevaré en mis pupilas. Luego vamos a la Iglesia de San José. Allí se supone era la casa de la Sagrada Familia. Se ve perfectamente un baptisterio en lo que fue una Domus Eclesia. Luego pasamos a un museo con capiteles de los cruzados y vasijas de aceite y de lágrimas de los tiempos de Jesús. Vamos a la Fuente de la Virgen (única fuente de manantial de Nazaret). Es como en una gruta que está dentro de una Iglesia ortodoxa, con un guarda muy antipático. La iglesia es muy “ortodoxa” y bonita. Vamos al poblado evangélico, donde se ven unos restos de Nazaret de casa como las de Joaquín, Ana, Jesús y María. Hay una casa en que se comprenden perfectamente parábolas como la de que te piden pan pero no puedes molestar a los niños que duermen. Cuánta pobreza había. Casitas minúsculas de una habitación a la entrada y una cueva para los animales lo mismo será en Belén). Estancia impresionante. Nos vamos a comer a un restaurante llamado Fontana de María. Luego partimos para Caná de Galilea. Llegamos a la iglesia de los franciscanos donde junto a otros matrimonios me “obligan” a renovar los votos matrimoniales. Nos dan un certificado (bueno, lo venden a tres euros). Lugo en una tiende de enfrente nos invitan a una copa de vino de Caná (es un malvasía). Y ya nos vamos al Monte Tabor. Al ir pasamos de nuevo junto a Naim. El bus nos deja al pie del monte y en grupos de siete u ocho subimos a la cima en unas furgonetas. Nosotros subimos en la última y así vemos mejor el paisaje desde abajo. Ya veremos el de arriba. La Basílica queda preciosa en plena cima. Hoy es más bonito estar aquí porque es el día de la Transfiguración. En la capilla de la Torre de Moisés el fraile nos hace una charla sobre la Transfiguración que la hace comprender completamente. Por fuera se ven perfectos los restos del monasterio, convento y muralla del tiempo de los cruzados. El Monte Tabor está lleno de árboles en sus laderas y en la cima hay una vista preciosa y lejana del valle de Esdrelón. Para subir al Tabor se pasa por Daburie en que viven beduinos nómadas que Israel ha asentado allí. Al regresar hacia Tiberíades pasamos por los campos de Turán. Viendo el lugar es fácil imaginarse al simpático grupo de Jesús caminando por los trigales con sus apóstoles yendo de un lugar a otro. También pasamos junto al santuario de Jetró (muy importante para los drusos que peregrinan dos veces al año por Jetró y Séfora, suegros de Moisés). Está a los pies del monte de los Cuernos de Hattin. Y por fin al hotel de Tiberiades. Cena, paseo y un helado. La calle aún está más animada que los otros días y más llena de gente. Por cierto que ayer al subir al barco del mar de Galilea me rompí los zapatos náuticos y me compré unos nuevos en el kibutz de Ein Gev. Bueno. Mañana voy a Jerusalén y ante tu Monte Carmelo. |
| MARTES: TIBERIADES-MONTE CARMELO-HAIFA-JAFA-JERUSALÉN |
| Nos vamos ya de Galilea. Pena pero alegría por acercarnos a otros lugares de la vida cristiana. Salimos un poco tarde porque han roto unos tubos al autobús para robarle la gasolina. En todas partes cuecen habas. En fin, por la ruta de los últimos días vamos hacia la costa (la vía 77). En el camino, por Bir El Maksut vemos unos embalse que son del agua subido del Mar de Galilea para abastecer Tel Aviv, Jerusalén y resto de ciudades. Llegamos al Monte Carmelo. Entramos en la basílica, con referencias a Santa Teresa y San Juan de la Cruz (y, cómo no, la Virgen del Carmen) y con la Gruta del Profeta Elías (una cuevecita), y como siempre el padre Carlos lo explica estupendamente. Fuera hay una imagen de la Virgen del Carmen donado por Chile, porque es su patrona. Frente al convento hay una pirámide que está sobre los restos mortales de los franceses que estaban heridos allí (hospital de sangre) cuando la huida de Napoleón de Haifa. Luego en el mirador vemos la magnífica estampa de la ciudad y puerto de Haifa. Abajo se ve un museo de barcos referidos al episodio del Éxodo. El barco y patrulleras están en tierra, no en el mar. Luego en el bus nos dirigimos hacia Jafa. Pasamos junto a las ruinas de Cesarea Marítima. Toda la ruta es paralela al mar con hermosísimas vistas. También se ve Atlit, donde hay una cárcel para terroristas palestinos que en tiempos de los ingleses era para inmigrantes ilegales. De aquí subieron los últimos cruzados tras abandonar San Juan de Acre en 1291. Al fin partimos hacia Jerusalén. Vemos algo pero vamos a comer al Hotel Ambassador. Tras comer vamos al Monte Sión. Yendo hacia allí vemos las murallas de Jerusalén y el barranco del Cedrón. No sólo impresiona, emociona ver Jerusalén. Estoy en Jerusalén. La Jerusalén de Jesús es ahora la mía. Lo primero que hemos visto ha sido la iglesia del Gallicantu (sencilla). Pero desde ahí hay unas vistas inigualables del Monte de los Olivos, Getsemaní y el barranco del Cedrón con sus miles de tumbas. Es una imagen que pasa lo de siempre… a ver cómo explicas lo que siente tu alma y el temblor de tu cuerpo. ¡Cuántas cosas oídas y ahí delante las tengo! La iglesia del Calicanto se supone sobre la casa de Caifás y hay una escalera que viene del otro lado del barrando que hubieron de ser usadas por Jesús… y ahora por mí. Vamos al cenáculo y el acto religioso de oración y la explicación del fraile emociona (al lado mío empieza a llorar y otra señora se le une en su llanto). Es que pone la piel de gallina estar en el cenáculo. Qué más da una piedra que otra, es lo que es el cenáculo. Luego hicimos la misa en el cenáculo franciscano que da pared con pared con el cenáculo. Misa junto al lugar físico en que se instituyó la eucaristía. No pueda haber palabras que expliquen los sentimientos. Es inútil intentarlo... Aquí se pide por unas intenciones que conozco. La capilla es una monada. Al bajar a ella pasamos junto a la tumba e David pero no entramos porque un grupo de judíos ortodoxos están de celebración allí. Nos vamos a la Basílica de la Dormición. A cubrirse los hombros, que sois unas descocadas… Hay una imagen yacente de la Virgen María y unas recogidas capillas. El guarda es estricto y me riñe no sé aún por qué. Creo que no deja hacer fotos a la esposa y a la imagen juntas, pero vete a saber. Por la puerta de Sión (con muchos impactos de la guerra de 1967) entramos en el Viejo Jerusalén (en la puerta tocamos la Mesusa y nos santiguamos). La Mesusa es una cajita clavada en la pared que en su interior tiene textos sagrados (en el hotel también las hay en las puertas de las habitaciones). Hay judíos de todas clases. Vemos las ruinas del Cardo Máximo y restos de las primitivas murallas. Por fin llegamos al Muro de las Lamentaciones. Lleno de gente en la gran plaza. Judíos y más judíos. Y soldados. Se pasa un control de seguridad. Me pongo la quipa (me la compré al salir de Gallicantu) y entramos en la zona de hombres (las mujeres se van al trozo más chiquito). Estoy en el muro entre los judíos con sus llamativos movimientos. La verdad es que da impresión estar allí. Un poco inseguro. Muy inseguro. No quieres ofender y no sabes. Entro en el túnel que hay a la izquierda (el arco de Wilson). Aún es mayor la impresión y la sensación de soledad. Es un lugar… diferente. El ambiente es aún más ortodoxo con librerías y sillas. Como llevo la quipa en varias ocasiones me preguntan si soy judío. No. Pero cuando saben que soy español. De Sefarad. La verdad es que me tratan con respeto y cariño. Varios me dicen “mi mama Sefarad”. Me alegro majos. Por fin, cansados nos vamos al hotel Grand Court. Tras cenar allí, los que quieren y ya de noche (21’00) nos vamos en un autobús a un almacén de objetos religiosos en Belén. ES buena ocasión para ver Jerusalén por la noche. Cruzamos el control judío de la frontera con la zona palestina de Belén. El almacén y vuelta. Otra vez el control. Tomar algo en grupo en el hotel y a escribir mis notas. En fin. Otro día de esos que marcan un antes y un después en la fe. |
| MIÉRCOLES: JERUSALÉN - EIN KAREN |
| Otro madrugar y tras el desayuno en autobús vamos al Monte de los Olivos. Tantos años oyendo su nombre y hoy vamos a él. Primero celebramos una misa en Getsemaní, en la Basílica de la Agonía. Tras la misa besamos con emoción una roca en el lugar en que se re cuerda el lugar en que Jesús se retiró a orar. Está muy cerca del torrente del Cedrón. A la salida entramos en el huerto de los olivos. Otra vez envío a la imaginación y la fe a ver a Jesús sentado. Es un lugar lógico porque tenía unas vistas preciosas de Jerusalén y del Templo. Luego en autobús a la subida a la cima del monte para ir luego bajando. Arriba entramos en el lugar en que se conmemora la Ascensión de Jesús. Sólo quedan restos de la iglesia cruzada y un edificio octogonal e íntimo, pero que no es el de la Iglesia, sino de los musulmanes. Hay una piedra que la tradición decía que era el lugar de la ascensión (lo acariciamos con reverencia al lugar, por lo que representa, sea o no sea cierta la tradición). Dos ortodoxas entran y dejan unas flores en esa piedra. Vamos bajando y vamos a la Basílica del Pater Noster, en el que está esa oración en un montón de idiomas. Lo rezamos todos juntos y visitamos el lugar. Luego vamos a la capilla del Dominus Flevit en el que hay unas vistas inmejorables de Jerusalén y del barranco del Cedrón y del cementerio judío Entramos en una parte del cementerio judío y le pongo una piedra a una tumba que no tenía ninguna. Tal vez eso sea una buena obra. Volvemos a pasar por el Huerto de los Olivos. El lugar es tan importante… Cuántas veces ahí Jesús y cuántas cosas le pasaron… Al bajar del Olivete entramos en el Sepulcro de la Virgen. La decoración es oscura y muy ortodoxa en su estilo. Las chicas a taparse bien. Es como una inmensa gruta con grandes escaleras. Nos vamos a comer y tras un descansito de 25 minutos partimos al Museo del Libro donde hay una exposición sobre los manuscritos del Qumrán. La verdad (un poco pesado, pero la información que nos da el fraile guía lo hace interesante). Luego vemos una maqueta gigante del Jerusalén de los tiempos de Jesús. La maqueta y las explicaciones serán fundamentales para nosotros en adelante al leer el evangelio. Te orientas mejor. Hace un sol de justicia (la suerte es que no hay humedad). Luego vamos a la Kneset (Parlamento) y nos fotografiamos en un gran candelabro de 7 brazos (ahí nos explican la diferencia entre los candelabros de 7 y 9 brazos). Es un regalo de Inglaterra a Israel tras la independencia de éste. Luego vamos a Ein Karen, el pueblo de Zacarías, Isabel y Juan el Bautista. Está cerca de Jerusalén, pero el paisaje es más verde y frondoso y entre montañas. Vamos al santuario de la Visitación (era español hasta hace poco y se nota un montón en los cuadros, la cerámica de Manises, los santos y en los desconchones de la pintura. Luego caminando cuesta arriba, bajo el sol, nos vamos a la Iglesia de San Juan Bautista. Es extraña y con un gran mural sobre la victoria de Lepanto. Bajamos y una cervecita para recuperarnos de la caminata bajo el sol. Y ya nos vamos al hotel. Cena y luego con otros a ver tiendas y tomar algo en un hotel cercano. |
| JUEVES: BET SAHUR – BELÉN- MAR MUERTO- JERICÓ |
| Salimos para Bet Sahur. Hemos de pasar por un control israelí en el muro que separa el territorio de Israel del que está controlado por las autoridades palestinas. Son soldados, algunos jovencísimos, en un puesto en medio del alto muro. Al salir no hay problemas pero al regresar nos hacen enseñar el pasaporte con la mano alzada. Nada más cruzar la frontera se nota el cambio hacia la pobreza y el estilo árabe más genuino. Muchos al pasar saludan. La verdad es que los judíos, en general, son más limpios, pero los palestinos más simpáticos. La zona es árida y con olivos. Entramos en el Campo de los Pastores de Bet Sahur. Allí vamos a una cueva que recuerda la aparición del ángel a los pastores para anunciarles el nacimiento de Jesús. Al lado vamos a la capilla que es como una tienda. A continuación el autobús a Belén, que está muy cerca. Allí vemos la Basílica de la Natividad. ES preciosa. Muy castigada pero bonita, con ese estilo ortodoxo (es suya, pero con el “status quo”). Ya se va notando en el ánimo estar en el lugar del nacimiento del niño. En el “portal de Belén”. Para entrar hay que pasar por una puerta muy baja (es así, nos dicen, porque también sirvió de fortaleza en alguna ocasión, y así si un enemigo quería entrar debía entrar con la cabeza gacha por delante, con lo que era fácil darle un espadazo en ella). “Práctico…”. A continuación pasamos a la Iglesia de Santa Catalina, que está pared con pared con la de los ortodoxos (los popes que se ven van limpios, no saludan, pero van limpios). La iglesia es muy normalita pero tiene unas cuevas como la del nacimiento. Una de ellas fue donde vivió san Jerónimo (el de la Vulgata) y allí murió aunque su cuerpo se lo llevaron. A continuación celebramos la misa. Hoy la eucaristía es en Belén y a unos metros del lugar del pesebre. Otra misa que es muy emocionante. Parece Navidad (cantamos Adeste Fideles y otros villancicos). Luego vamos a venerar la Gruta del Nacimiento. Coincidimos con turistas de un barco ruso y con unos polacos (todos ellos con mucha cara dura) y se armó la de San Quintín. “Ruso, que no te cueles”, “empujadles y ya veréis”,… En fin, empujones y defensa de la posición. Un chalado guardián llama a unos policías palestinos que vienen, ven el follón y alucinados se largan. Al final los rusos se achantan (tras recibir uno una colleja de una señora) y pasamos. Se baja por una estrecha escalerita y a la derecha está la famosa estrella. Ahí está un pope ortodoxo que dice “España rápido” (¡y tú que te lo crees! Nosotros como los rusos y polacos). Es otro momento inolvidable. Besar esa estrella es la muestra de adoración más cercana físicamente a Jesús que hemos hecho. Todo es muy ortodoxo. Hay una capillita con un pesebre, pero estos brutos lo adornan tapándolo todo. Salimos vivos de la gran batalla y a comer en Casa Nova de Belén de los franciscanos. Comemos estupendamente. Luego con algún otro volvemos a pasar a la gruta del nacimiento. Luego descansamos y tomamos algo en un bar próximo y partimos hacia Qumran. Hace muchísimo sol, pero la suerte es que no hay humedad. El paisaje es de un desértico inhóspito, pero bonito. Vemos las lomas del descubrimiento de los manuscritos de los esenios. Fácilmente se ve la cueva número 4. También visitamos los restos del monasterio de los esenios. Desde allí se ve al lado el Mar Muerto. Bonito pero no tiene la belleza ni la emoción del Mar de Galilea. Al fondo, Jordania. Luego vamos a la orilla del Mar Muerto y nos bañamos. El agua está caliente. El suelo tiene alguna piedra y barro negro. Algunas recogen barro y se lo ponen porque es bueno para la piel (incluso se lo llevan en una bolsa). Se flota perfectamente. ES imposible hundirse. ES increíble. Flotas DE VERDAD. No creía que fuera tanto. En la zona en que no haces pie, puedes avanzar como si caminaras, pero sin tocar el suelo y con las manos en alto. Pero es tan salado que es asqueroso que el agua te toque el labio. La piel parece aceitosa de la sal y agua tan condensada. En fin, una experiencia curiosa y divertida. Tras salir, nos duchamos allí y esperamos a la típica tardona. Luego nos vamos a Jericó. Para ir allí pasamos por el desierto de Judea que desde Jerusalén hemos visto que es seco, seco. Además ayuda a imaginarse situaciones evangélicas (como la parábola del samaritano que encaja perfectamente en estas tierras). Pasamos por un control palestino (muy cutre él). Entramos en Jericó y llegamos a las ruinas del antiguo Jericó. Las vistas son preciosas. Se ve perfectamente las líneas que circundan el oasis de Jericó. Se ve pero clarísimo el oasis. Vemos las ruinas de las primeras murallas (tras una estupenda explicación del franciscano). Un poco más lejos se ve el Jericó de los tempos de Jesucristo (en el que hizo milagros) y más arriba se ve el Monte de la Cuarentena. Hace un sol tremendo, pero insisto en que nos salva que no hay humedad (estamos a más de 200 metros por debajo del nivel del mar). En fin, regresamos a Jerusalén (¡qué fácil parece hoy decir eso!). En el regreso se ven en varios lugares grupos de beduinos. Llegamos a Jerusalén y por la noche tras cenar, un pequeño grupete nos vamos a la ciudad vieja, junto a la Puerta Nueva. Tomamos un helado en Notre Dame que tiene un aspecto estupendo. El encargado es un sacerdote negro muy divertido. Luego, paseando volvemos al hotel. Es una pena que esto esté llegando a su fin, porque aunque estamos cansados, tenemos ganas de más. |
| VIERNES: JERUSALÉN |
| Bueno, hoy es el último día entero en Tierra Santa. Qué pena, pero hemos visto tantas coas que parece ya lejano el día en que fuimos a la casa de San Pedro. Salimos como siempre en autobús a las 7’30. Nos dejan en la Puerta de San Esteban (o de Los Leones). Vamos primero a la Iglesia de Santa Ana, de los Padres Blancos. Bonita y sencilla, de piedra. Hay una estatua preciosa y simpatiquísima de Santa Ana con la Virgen María niña (me recuerda a mi hijita). Ahí celebramos la misa. Esta iglesia es de los tempos de los cruzados y se salvó completa porque los musulmanes la convirtieron en madrasa. De hecho y hay una placa de piedra en árabe encima de la puerta de entrada. Justo enfrente están los restos arqueológicos de la Piscina Probática. Son interesantes y permiten hacerse una idea más fácil del milagro de Jesús de la curación del paralítico. Vemos la capilla de la flagelación y el Lithóstrotos, que es el lugar al que fue llevado Jesucristo ante Pilatos en la Torre Antonia. Tras ello comenzamos el Vía crucis por las calles de la Vía Dolorosa. Vamos llevando por turnos una gran cruz en el Vía Crucis entre las callejuelas. No me veía en eso pero aquí las cosas se ven diferentes. El camino es entre callejuelas estrechas y a veces cubiertas y con un gran tramo que es como un zoco. Pero nos dicen que nos olvidemos del comercio (la tarde es libre) y nos centremos en el camino de la pasión de Jesús. Muy bien. El camino es difícil porque somos un grupo de casi 50 personas y hemos de dejar pasar a la gente y los comercios. Todo va bien salvo un musulmán que va con un niño que se queja, pero nuestro fraile lo manda a paseo y ya está. Llegamos a la plazuela del Santo Sepulcro. Entramos y es una iglesia imposible de describir por el caos de la decoración católica, ortodoxa, armenia, copta, etíope,… ES oscura y muy grande, pero ya te digo, llena de rincones. Vemos la capilla del Sacramento de los franciscanos en que hay restos de una columna. Por orden (hoy normal) entramos en la tumba de Jesús. Aunque la piedra real está por debajo de la vista es un momento de interioridad que me impide hacerle una foto. Es hora de orar. Orar poquito porque el monje ortodoxo da poco tiempo. Lo comprendo, la cola es muy grande. Tras salir subimos a un nivel superior a ver la roca del calvario. Está protegida por un cristal salvo un trozo que se toca metiendo la mano por un agujero hecho en el sueldo. Ahí vigila siempre un monje ortodoxo que no para de rezar. A continuación bajamos a la capilla de Santa Elena y de la Invención de la Santa Cruz. Se ha de pasar por una capilla armenia. Abajo está oscuro y hay una gran cruz en recuerdo de la cruz allí encontrada (un trozo está en Liébana, España). La esclarea tiene muchas cruces de los antiguos peregrinos. Hoy serían gamberros. Las cruces están en la piedra de la escalera. A la entrada de la Basílica vamos a ver la piedra de la unción. Está en el suelo y es rectangular del tamaño de un cuerpo grande. La gente tiene la costumbre de pasarle medallitas, estampitas, etcétera sobre ella. Seguidamente el grupo sale a la plaza de justo delante de la Basílica para hacernos una foto de grupo en la escalera que hay a su costado derecho. Nos hacemos la foto y justo entonces pasa una anécdota curiosa. Más cosas para recordar. Al salir pasamos por una capilla de cristianos etíopes. Se ve la pobreza. Pero el monje etíope reza tranquilo. Son tantas cosas que es difícil valorar todo lo que ahí ha pasado. Unción del cuerpo de Jesús. El lugar en que su cuerpo yació muerto y el lugar en que al tercer día resucitó. Y ahí estuvieron sus discípulos y las mujeres. Para volver pasamos por la puerta de Jafa, que tiene un entorno muy animado y bonito. Aprovechamos a ir a una farmacia para comprar algo a alguien, yo espero cotilleando a la gente, porque es muy divertido mirar. En autobús vamos a comer. Luego en el bus nos llevan a los que queremos al centro de Jerusalén. Vamos de compras y paseo junto al mismo lugar y zona de esta mañana. Todo está muy animado. Como debe ser. Entramos por la puerta de Damasco a la hora de la salida de la oración del viernes. Miles de musulmanes vienen en sentido contrario. Es un zoco y es casi imposible caminar. Da un poco de susto pero realmente van pasando a lo suyo y ya seguimos con calma. El lugar es muy original. Un ambiente muy musulmán. Gritos, colores y productos crean un ambiente especial… y en Jerusalén. Las chicas no paran de hacer compras durante más de tres horas. Es muy divertido porque aprendemos a regatear y todo es una cosa de locos. Nos tomamos algo en un bar musulmán (las cervezas son calientes, sin alcohol y un sabor muy raro). Afortunadamente me había pedido un zumo de naranja porque estaba muerto de sed. Salimos por la puerta de Damasco de nuevo, en pleno mercado. La carne la tienen colgada en la calle, tal cual. Cenamos hoy más pronto porque muchos judíos ocupan el hotel para celebrar el inicio del Sabbat. En la cena no dan cerveza por el Sabbat (pero dan vino). Mañana no habrá leche caliente por el mismo motivo. Por la noche a tomar algo por ahí y luego al hotel a preparar las cosas porque, para bien o para mal, mañana volvemos a España. |
| SÁBADO: JERUSALÉN-EMAUS-TEL AVIV-VALENCIA |
| ¡Qué pena! Nos marchamos de Tierra Santa. Al menos tengo el consuelo de que mañana veremos a los niños. Al salir del hotel nos dan una caja con el almuerzo. Salimos camino de Emaús. Camino de allí veo varios animales sueltos como cervatillos (que no lo son…). Para ir pasamos a los pies de una montaña en cuya cumbre hay un edificio que usan judíos y musulmanes y que es la tumba de Samuel, el profeta. Llegamos a Emaús que ya no tiene casi población cristiana (una familia). La iglesia tiene en el altar mayor una gran obra de Jesús con los dos caminantes. Allí celebramos la última eucaristía en la tierra de Jesús. Tras ello y visto el paisaje de Emaús almorzamos hasta que al as once partimos hacia el aeropuerto de Ben Gurión. Cómodamente llegamos al aeropuerto y nos despedimos de nuestro simpático chofer, Mohamed, a quien llamamos “Manolo”. Se ha portado muy, es simpático y se le ve bien listo. Va siempre impecable y limpio. Entre todos hacemos una colecta como regalo de agradecimiento. Entramos en el aeropuerto y pasamos unos minuciosísimos controles de seguridad con unos gigantescos escáneres. Preguntas y más preguntas de los israelíes. Pasamos los controles sin problemas. Han sido ágiles y educados. A tomar una cervecita para aligerar la espera. Y por fin subimos al avión que nos devuelve a España. El vuelo es tranquilo y puntual. Ya en Valencia llega el momento de las despedidas. A las siete de la tarde en Valencia. |